viernes, 1 de abril de 2011

Schrödinger y los Upanishads

En todo el mundo no hay ningún tipo de marco dentro del cual podamos encontrar "las conciencias" en plural; esto es simplemente algo que construimos debido a la pluralidad espacio-temporal de individuos, pero es una construcción falsa. Debido a ello, toda filosofía sucumbe una y otra vez ante el conflicto desesperado entre la aceptación teóricamente inevitable del idealismo Berkeleiano y su completa inutilidad para entender el mundo real.




Para Schrödinger, la única solución a este conflicto se encontraba en los Upanishads, los casi 150 libros sagrados del Hinduismo, escritos en idioma sánscrito y que reformaron la filosofía clásica del Hinduismo, el Vedanta, poniendo énfasis en la existencia de una divinidad única y absoluta.
Schrödinger estaba en lo correcto en el sentido que para la religión hindú post-Upanishads el misterio de la vida se reflejaba en la fragmentación del "alma cósmica" (Atman, con mayúscula en lenguas occidentales) en almas individuales (atman, con minúscula en lenguas occidentales).
La palabra "yoga", de hecho, significa unión - de ahí también proviene la palabra castellana "yugo" - y se refiere a la unión del atman con el Atman, el retorno a la fuente original de la que todo procede.
Sin duda Schrödinger también habría opinado lo mismo del budismo si lo hubiera estudiado con la misma profundidad que el Hinduismo. En efecto, como ya vimos en el post Borges y el Budismo, la filosofía budista - especialmente la escuela Madyamika fundada por Nagarjuna - se puede situar como un punto intermedio entre el solipcismo idealista - que Nagarjuna denominaba "nihilismo" - y el materialismo racionalista - que Nagarjuna llamaba "eternalismo".
Una forma de adentrarnos en este tema consiste en estudiar algunas de las claves que el "juego de lenguaje" (Sprachspiel, para usar el término acuñado por Wittgenstein) contiene:
Karma: Aunque el término sólo denota literalmente un acto o acción, connota por lo general las consecuencias positivas o negativas que de ese acto se desprenden. (Ver El karma y el destino).
Citta-samtana: La filosofía budista avanzada utiliza la expresión citta-samtana o citta-samtati (ambos: "corriente de pensamientos") para designar un proceso dinámico que es el objeto que renace una y otra vez. Se sostiene que un citta-samtana puede traer a la mano un conjunto de circunstancias externas compensatorias y retributivas de su karma histórico, por lo que - en este sentido - el budismo coincide con un punto de vista más bien idealista en el que una conciencia subjetiva tiene la capacidad de crear un mundo.
Vidja: Palabra del idioma sánscrito que, en general, significa inteligencia o sabiduría. En algunos casos tiene una connotación más profunda: "la naturaleza profunda de la mente". El conjunto de la enseñanzas budistas se dirige hacia realizar esta Vidja con mayúsculas (en lenguas occidentales) que es nuestra naturaleza última y que alcanzamos en el estado de Iluminación.
Rigpa: El equivalente tibetano de Vidja, traducido generalmente al castellano como "naturaleza de la mente". Por el contrario, la mente ordinaria, clasificatoria y discursiva, se llama en ese mismo idioma "sem".
Dharmas: Aunque en singular y con mayúscula (en idiomas occidentales) se refiere a la enseñanza de Buda que conduce a la Iluminación (y en el Mahayana el concepto cobra además una existencia metafísica), en plural y con minúscula, en cambio, se refiere a los factores constituyentes del mundo fenoménico, entre ellos los constituyentes del mundo físico que bien podríamos traducir en la actualidad como "partículas".
Avidja: El prefijo "a" en sánscrito, al igual que en sus lenguas descendientes, como el griego y el castellano, significa "no" o negación. En consecuencia, avidja, aunque generalmente se traduce como ignorancia, más bien debiera traducirse como falta de sabiduría o desconocimiento.
Una vez que nos familiarizamos con esa terminología es fácil resumir en pocas palabras conceptos budistas muy elaborados. En particular, podemos decir que el ser primordial es un citta-samtana que podemos denominar Vidja o Rigpa. Esta Rigpa cósmica se cristaliza en la forma de sem y, por lo tanto, permite la emergencia de los dharmas, transformando a Vidja en avidja.
En otras palabras: lo único que verdaderamente existe es la Conciencia Cósmica; sin embargo, debido al karma, esta Conciencia Cósmica se manifiesta de manera ilusoria como "conciencias" que cada uno de nosotros denomina "yo". Esta separación ilusoria del "yo" implica no sólo que nos percibimos falsamente separados del "resto" de la Conciencia Cósmica, sino que de hecho percibimos ese "resto" como el "mundo" (como un mundo material o sustantivo). De esa forma, cada "yo" crea su "mundo" sin que eso signifique que no haya una realidad última única y verdadera (la Concienca Cósmica) y, por lo tanto, sin que caigamos en el "chipe libre" que significaría que cada "mundo" fuera independiente de los otros "mundos" y de los otros "yo". La objetividad, por lo tanto, surge a posteriori como un acuerdo entre los "yo", acuerdo que es posible gracias a esa unión subyacente de todo con todo.
La única ventaja que tiene esta explicación por sobre la de los Upanishads es que no presupone (ni desmiente) la existencia de divinidad alguna. Esto no es menor, ya que respeta el principio filosófico fundamental de la economía ontológica, más conocido como "la navaja de Occam". Por lo demás, es igualmente válida para salvar el conflicto entre el materialismo y el idealismo, conflicto que también Maturana y Varela vislumbraron cuando estudiaron el sistema nervioso. Pero eso ya lo discutiremos en detalle más adelante.

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