sábado, 5 de diciembre de 2009




Shantideva, el poeta sabio

Hacia la luz
Shantideva vivió en la gran universidad monástica de Nalanda, posiblemente entre los años 685 y 763 de nuestra era. Es el autor de dos grandes obras, el espléndidamente poético Bodhicharyavatara, “Guía para el estilo de vida del bodhisatva” y el Siksa-Samucchaya, “Compendio de instrucción”, que consiste sobre todo en citas de cerca de cien sutras del mahayana, de las cuales muchas ya no se podrán recuperar de ninguna otra fuente.

El “monje holgazán” sorprende a sus compañeros de Nalanda
Aunque él era un practicante avanzado que tenía visiones del bodhisatva Mañjusri, quien le transmitía enseñanzas de manera directa, para sus compañeros monjes no era más que un holgazán, bueno para tres cosas: comer, dormir y defecar. Un día, con el fin de humillarlo, los demás monjes lo invitaron a que recitará algo de las escrituras ante todo el monasterio. En esa época Nalanda era la institución educativa preeminente del sur de Asia y albergaba varios miles de estudiantes. Shantideva rechazó con modestia tan importante invitación. Sin embargo, los monjes insistieron y al final Shantideva aceptó. Para que su humillación fuera más grande le hicieron un asiento alto para dar enseñanzas, uno en el que no pudiera sentarse, para dar a entender, con ironía, su elevada reputación. No obstante, Shantideva estiró su mano y milagrosamente hizo que el asiento fuera más bajo, luego se sentó en él y preguntó si deseaban que hablara de algo conocido o preferían algo original. Con actitud sarcástica, los congregados optaron por la segunda sugerencia y, para su sorpresa, Shantideva procedió a exponer el magnífico poema en mil versos que hoy conocemos como el Bodhicharyavatara. Cuando recitó los versos que dicen

Cuando ni algo ni nada queda ante la mente
ya no hay más alternativas.
Sin asir objeto alguno
la mente alcanza la paz.
(Bodhicharyavatara, capítulo 9, verso 34)

ascendió al cielo y quedaron sólo sus palabras, claramente audibles aun después de que él desapareció en lo alto. Más adelante alguien lo descubrió en algún lugar remoto, en la India, pero rehusó volver al monasterio. Según la posterior tradición tántrica dejó los hábitos, vivió doce años como guardia de un palacio (armado nada más con una espada de madera pintada de color dorado), casado con una mujer de una casta inferior y terminó sus días como ermitaño en una cueva lejos, en la montaña.

Autor de excelentes manuales prácticos para la vida espiritual
Cuenta la leyenda que el Siksa-Samucchaya fue descubierto reposando en la repisa de la habitación que ocupaba Shantideva en Nalanda, lo que implicaba que él había recopilado ese texto simplemente para su uso y acaso el de algunos de sus amigos. Tal era su modesta naturaleza.

El Bodhicharyavatara es notable por ser una obra de ferviente poesía devota, una guía práctica para el entrenamiento espiritual del mahayana y un abstruso tratado filosófico, todo al mismo tiempo. Con la intención de ayudar a los aspirantes a bodhisatvas a orientarse hacia el bien de otros seres y actuar desde la base, enseña dos métodos fundamentales para esto, la práctica del reconocimiento de la igualdad entre yo y los otros y el intercambio de uno mismo por los demás.

Que pueda ser yo el protector de aquéllos que no tienen quien los proteja,
un guía para todos los viajeros que andan el camino,
que pueda ser un puente, una balsa y una barca
para todos los que desean cruzar (el agua).

Que pueda yo ser una isla para quienes están buscando una
y una lámpara para los que desean luz,
que pueda ser una cama para quienes quieren descansar
y un esclavo para los que desean un esclavo.
(A Guide to the Bodhisattva’s Way of Life, traducido al inglés por Stephen Batchelor, Biblioteca de obras y archivos tibetanos, Dharamsala 1979, cap. 3, vv. 18-19, p. 32)



Cualquier alegría que hay en este mundo
proviene de desear la felicidad de los demás
y todo el sufrimiento que hay en este mundo
no viene de otra parte que de mi deseo de ser feliz.

¿Qué necesidad hay de decir algo más?
los necios se esfuerzan por su propio beneficio,
los budas trabajan por el beneficio de los demás.
¡Mira simplemente la diferencia que hay entre ambos!
(Ibíd. Cap. 8, vv. 129-130, p. 120)

El texto va desde la devoción exuberante

En esos baños de dulces aromas, donde relucen los doseles con perlas sobre exquisitos pilares en los que brillan las gemas y que se yerguen sobre pisos de mosaico hechos de radiantes y claros cristales, a la vista de diversas vasijas incrustadas con gemas enormes y llenas de agua y flores exquisitamente fragantes, baño en ellos a los tathágatas y a sus hijos, con el acompañamiento del canto y la música.(El Bodhicharyavatara, traducción al inglés de Kate Crosby y Andrew Skilton, Oxford University Press, Oxford 1996, cap. 2, vv. 10-11, p.15)

A lo pragmático
Nada hay que siga siendo difícil si se le practica. Así, mediante la práctica con incomodidades de menor intensidad, hasta los más grandes malestares se vuelven tolerables.

La irritación que provocan las chinches, tábanos y mosquitos, el hambre y la sed y el sufrimiento que causa una fuerte comezón, ¡por qué no los consideras como algo insignificante! (Ibíd., cap. 6, vv. 14-15, p.51)

Y a lo filosóficamente abstruso
Si la ilusión es lo mismo que la mente es falso declarar que también es diferente. Si existe como una cosa en su propio derecho, ¿cómo puede ser lo mismo? Si es lo mismo, ¿entonces no existe en su propio derecho? (Ibíd. cap. 9, v.26, p.117)

Un gran legado espiritual
No tenemos claro con exactitud qué tanto del Bodhicharyavatara que ha llegado hasta nosotros fue realmente escrito por Shantideva. Se ha debatido mucho que los capítulos 2, 9 y 10 pueden ser obra de otros autores y las diversas biografías acerca de Shantideva no concuerdan ni en la extensión de su obra. No obstante, lo que en la actualidad tenemos nos basta para trabajar con ello y el texto, que es una de las más grandes obras de la literatura espiritual que haya dado la humanidad, continúa inspirando y sirviendo como guía para los practicantes 1,200 años después de haber sido escrita.